martes, 24 de enero de 2017

Un lugar fuera de la Maternidad

Un lugar fuera de la maternidad

 “[…] hombres y mujeres son el resultado de una producción histórica y cultural, que ha creado, destruido y recreado un mundo de significaciones en común.”
La dominación masculina.-Pierre Bourdieu


La sociedad ha gestado y organizado una serie de significaciones alrededor de la maternidad, en el cual, de acuerdo con lo argüido por Ana María Fernández se tiene la idea –subrepticia- de mujer = madre; con esto se da por sentado que el ser madre da cabida a la realización de la mujer, siendo ésta lo que le da sentido a su feminidad. Otorgándole un lugar socialmente diferente. Además de la categoría diferencial de ser mujer joven. Sin embargo, como Nora García enfatiza “las mujeres han cumplido con este lugar social sin percatarse de si querían o no ser madres, aunado al hecho de seguir reproduciendo una serie de funciones atribuidas a las madres” (García, 2001:57).
A través de los mitos, los seres humanos han construido verdades simbólicas; en donde la realidad es construida simbólicamente, y que en varias construcciones sociales, como la maternidad, se muestran aparentemente cerradas, fuera del alcance, inmodificables. En la construcción de los mitos como parte de un imaginario social que organiza las significaciones imaginarias sociales, las cuales se concretizan y se hacen presentes en el sujeto, que en este caso es en el ser madre, ya que las SIS “contienen creencias y anhelos colectivos; van ordenando el mundo; que estructuran, organizan las relaciones humanas, marcan valores culturales, éticos, sociales sobre la maternidad” (García, 2001:73). 

Pero esta idea de ser madre evoca a la trama de significaciones sociales imaginarias que se vehiculizan a partir de las instituciones, pero no de las instituciones entendiéndose, como popularmente se le conocen a los complejos que albergan oficinas, aulas; no nos quedemos sólo en lo concreto pues para esclarecer arrojando luz sobre la cohesión interna de un entretejido de sentidos, o de significaciones, que penetran toda la vida de la sociedad, la dirigen y la orientan (Castoriadis, 2006:78) hay que estudiar a la institución como el conjunto de herramientas, del lenguaje, de las maneas de hacer, de las normas y de los valores etcétera (Castoriadis, 2006:77), teniendo esto en consideración  enmarcaremos el lugar social que se les asignan a las madres, para ello es necesario conocer cómo se construyó el lugar social de la Madre, después el  cómo se ha ido modificando en función de la producción y reproducción de un universo de significaciones imaginarias constitutivas de lo femenino  (Fernández, 1993:162), y a la par de lo masculino.

Pero, si en el imaginario social una mujer alcanza un lugar siendo madre, y se le ostenta un lugar fundamental en dentro de la familia, siendo ésta una de las instituciones segundas planteadas por Castoriadis que orquesta la reproducción y la socialización de la generación siguiente, ¿por qué hay mujeres que rechazan el ser madre? La sociedad cambia, aparentemente, pero hay lugares dentro de la cohesión social que son necesarios para que la sociedad heterónoma siga reproduciéndose, no es que éste en vías de desaparecer pero se empiezan a atisbar fragmentaciones dentro de sus instituciones y de las significaciones imaginarias que portan estas instituciones que ya han sido desbordadas e incluso carecen de sentido. Por ello no es de extrañar que las mujeres tomen, después de grandes movimientos feministas y reflexiones radicales, la decisión sobre su propio cuerpo y elijan no ser madres. Como lo analiza Lilia Esther Vargas diciendo que en la actualidad “es menor el control familiar, aún para las mujeres jóvenes, en una menor exigencia de virginidad prematrimonial, una menor censura en las uniones libres, y el acceso de diversos medio de anticoncepción que se pueden utilizar sin necesidad de permiso de los hombres” (Vargas, 2001:150); esto es pues sólo es un esbozo de la gran gama de posibilidades que pueden llevar a una mujer a no querer ser madre.
Institución de la familia
La familia es una de las instituciones segundas postuladas por Castoriadis, en donde la institución es la que provee de sentido al sujeto socializado. Existen las instituciones primeras y las secundarias; la primera hace referencia a que la sociedad se crea sí misma, como sociedad. No existe un elemento extrasocial o divino que la geste; otorgándose instituciones animadas por las significaciones imaginarias sociales específicas para cada sociedad. Ésta se articula e instrumenta, a través de las instituciones segundas, las cuales Castoriadis divide en dos categorías: las transhistóricas donde destacan el lenguaje; el tipo de individuo que es -construido- diferente en cada sociedad y la familia (Castoriadis, 2002:124), encargada de reproducir las significaciones sociales; acorde a su propio mundo orquestará determinado magma de significaciones. La segunda categoría son aquellas que son específicas, es decir, en las que sus significaciones imaginarias sociales están sostenidas por medio de estas instituciones específicas, creadas para un cierto tipo de contexto y momento histórico. Sin embargo, las significaciones imaginarias sociales, tiene una triple <<función>>, que va desde ser las que estructuran las representaciones, significaciones, sentidos e interpretación del mundo; designan los fines de acción pues determina lo que debe de hacerse y lo que no debe hacerse; y el régimen de los afectivo, donde se crea/instituye el cómo debe sentirse el sujeto, la sociedad (Castoriadis, 2001:127). A través de esto instituciones mediadoras, como por ejemplo el primer grupo que rodea al sujeto, la familia, se instituye en cada contexto un tipo de sujeto.  
Por medio de estas instituciones la sociedad funciona, sin embargo, el dominio hegemónico del discurso heterónomo requiere de una actitud pasiva y de hacer invisible lo procesos que se juegan en la sociedad heterónoma, en la que destacan el rechazo al cambio, a lo diferente y a lo modificable. Posteriormente Castoriadis argumentará la crisis de las significaciones imaginarias que tienen cohesionada a la sociedad, encuentra sus raíces de esta crisis en el conformismo generalizado y el encolado. Conformismo que solo es posible a condición de que no exista centro de identidad importante y sólido. Es decir que los referentes o polos por los cuales se anclaban las identificaciones se desfondaron. Y en emergencia surge el encolado en donde juntan una serie elementos diversos y <<producir>> algo (Castoriadis, 2001:133) que sustituya a las instituciones vacías de sentido. Esto da pie a que el sistema hegemónico siga reproduciéndose. Lo hace, infiere Castoriadis, por medio de beneficiarse de los modelos de identificación producidos anteriormente.
Concatenando lo expuesto por Castoriadis en su institución primera y segundas; destaca la creación de las significaciones imaginarias sociales determinadas por el contexto y los requerimientos sociales de cada sociedad, para dotar de sentido la vida de los sujetos y que en lo posible no se cuestionen lo instituido. De sumo interés es el papel de la familia, que se requiere para reproducir modelos, roles y significaciones. En el caso del ser madre conlleva el rol y funciones que ejerce la madre en la sociedad, pero sin olvidar que la familia en tanto construcción social, emite normas, valores y afectos que debe hacer/sentir la mujer al ser madre. Inclusive en estos escenarios Castoriadis hace referencia a los gérmenes de autonomía, sujetos fabricados que buscan cambiar la institución de la sociedad. Yo, tengo para mí, que las mujeres que no desean ser madres (teniendo en cuenta la enorme diversidad de motivos por los cuales no quieren serlo) son en cierta medida mujeres que apuntan a ser sujetos autónomos, es decir, “lúcidos en cuanto a su deseo y su realidad, y responsable de sus actos, considerándose como agente de lo que hace” (Castoriadis, 2002:122). 
 La madre en la familia
La biopolítica planteada por Michel Foucault determina las políticas que van a actuar sobre el cuerpo, la salud, las formas de alimentarse y de alojarse, las condiciones de vida, sobre todo el espacio cotidiano del siglo XVIII. Esto evocaba al lugar construido para la mujer que, atravesó por muchos senderos, unas veces más escabrosos que los actuales, pero que siguen cargados por lo dictado por lo social. El cuerpo de la mujer no le pertenece a la mujer, le pertenece a los designios sociales. Cabe destacar que se es varón o mujer dentro de una lógica masculina. Además de un factor importante para la preponderancia de la familia: el matrimonio y la vivienda social. Donzelot enfatiza la creación del matrimonio para la perpetuación del patrimonio, la conservación de los hijos, la educación, el control y vigilancia de los padres hacía los hijos y la incursión de la mujer hacia una nueva revaloración social al dotarla de poder como madre, auxiliar del médico y educadora. El hogar o para Donzelot la vivienda social supuso una herramienta en la estrategia de familiarización; “apoyada sobre la mujer y que contó con una serie de aliados: la instrucción primaria, la enseñanza de la higiene domestica, la creación de guarderías para hijos de obrero, la instauración del reposo dominical y el de la vivienda social que apunta a una función de vigilancia mutua” (Donzelot, 1979:42, 44).
Por otra parte en un contexto histórico de las diferentes posiciones sociales que ocupó y sigue ocupando, por ejemplo, las mujeres de la casa feudal, sólo salían de ella para contraer matrimonio o profesar en los conventos. Las alternativas a estos dos destinos sociales era el de la servidumbre, industria de la crianza y la prostitución. Sin embargo, los cimientos de la familia nuclear necesitaban de un elemento importante, el cual, en el siglo XVIII no mostraba interés en los niños y en las mujeres, pero los nuevos modelos de producción requerían que la antigua casa medieval (que era básicamente unidad de producción y consumo) cambie hacia la acumulación de bienes transmisibles hereditariamente, necesitaban quelas mujeres no murieran en el parto y que los hijos tuvieran un cuidado y educación. La transición entre el Feudo y la Revolución industrial trajo consigo el estrechamiento de las labores se desarrolló una <<moral materna>> Mabel Burin hace hincapié en que suponía una “subjetividad femenina domesticada, con características psíquicas de receptividad, capacidad de contención; de nutrición y no sólo de los niños sino también de los hombres que volvían a sus hogares después de sus labores extradomésticas“(Burin, 1998:75). A su vez afirma que la consecuencia de este acotamiento de labores y disociación de las labores que en siglos pasados realizaba “se fue construyendo un tipo de ideal social, el ideal maternal, que las mujeres interiorizaron en su subjetividad y pasó a ser constitutivo de su definición como sujetos” (Burin, 1998:76).
Las condiciones históricas sociales, económicas han cambiado y por consiguiente, han ocasionado que las mujeres ocupen un lugar fuera de la maternidad, entonces ¿por qué no replantear esto? (García, 2001:75). Una de las últimas preguntas que deja Nora García en su texto de “El psicoanálisis y el deseo de no ser madre”, pero tampoco habrá que expandir un poco las reflexiones ulteriores para preguntarlo; Castoriadis se muestra crítico y exonera a que se busquen nuevas alternativas para cuestionar lo instituido, sin embargo, considera que no existen los recursos psíquicos para que sujetos autónomos, reflexionen para poder tornar una institución y su universo de significaciones imaginarias. Además creo necesario puntuar el hecho de que para transforma una institución necesitarías modificar a las demás. Lilia Esther Vargas destaca algo sumamente importante, ”los géneros se siguen estudiando de forma aislada uno del otro, y no como construcciones relacionales recíprocamente sostenidas su vez forman complementariedades” (Vargas, 2001:155). El ser mujer no se puede transforma sin que se altere el ser hombre. Las instituciones forman el urdimbre social y a pesar de que la institución del ser madre parezca resquebrajarse, no se alterará hasta que se piensen nuevas maneras de concebir el ser madre. Sin que esté atravesado por ser la única manera en que se pueda definir como mujer así misma y el cómo se le construya. Un cambio radical de la sociedad no es algo que sólo radique en la ciencia ficción, lo que se requiere es que lo sujetos, tanto hombres como mujeres trabajen conjuntamente formando sujetos que quieran su autonomía.   






Bibliografía:

Burin, M., 1998. Ambito familiar y construcción de género. En: Género y familia. Buenos Aires: Paidós , pp. 78-84.
Castoriadis, C., 2001. La crisis del proceso de identificación. En: El ascenso de la insignificancia. Barcelona: Frónesis, pp. 124-138.
Castoriadis, C., 2002. Institución primaria de la sociedad e instituciones segundas. En: Figuras de lo pensable (Las encrucijadas del laberinto VI). Ciudad de México: Fondo de cultura económica, pp. 115-126.
Castoriadis, C., 2006. Las significaciones imaginarias. En: Una sociedad a la deriva. Buenos Aires: Katz, pp. 75-104.
Donzelot, J., 1979. La policía de las familias. España: Pre-Textos.
Fernández, A. M., 1994. Madres en más, mujeres en menos: los mitos sociales de la maternidad. En: La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres. Buenos Aires: Paidós.
García, N. C., 2001. El psicoanálisis y el deseo de no ser madre. En: Sexualidad: símbolos, imágenes y discursos. Ciudad de México: Universidad Autónoma Metropolitana. Unidad Xochimilco, pp. 57-78.

Vargas, L. E. I., 2001. Un tema olvidado por el feminismo. En: Sexualidad: símbolos, imágenes y discursos. Ciudad de México: Universidad Autónoma Metropolitana. Unidad Xochimilco, pp. 139-157.

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