Un lugar fuera de la maternidad
“[…] hombres y
mujeres son el resultado de una producción histórica y cultural, que ha creado,
destruido y recreado un mundo de significaciones en común.”
La dominación
masculina.-Pierre Bourdieu
La sociedad ha gestado y organizado una serie de
significaciones alrededor de la maternidad, en el cual, de acuerdo con lo argüido
por Ana María Fernández se tiene la idea –subrepticia- de mujer = madre; con esto se da por sentado que el ser madre da
cabida a la realización de la mujer, siendo ésta lo que le da sentido a su
feminidad. Otorgándole un lugar socialmente diferente. Además de la categoría
diferencial de ser mujer joven. Sin embargo, como Nora García enfatiza “las
mujeres han cumplido con este lugar social sin percatarse de si querían o no
ser madres, aunado al hecho de seguir reproduciendo una serie de funciones
atribuidas a las madres” (García, 2001:57).
A través de los mitos, los seres humanos han construido verdades simbólicas; en donde la
realidad es construida simbólicamente, y que en varias construcciones sociales,
como la maternidad, se muestran aparentemente cerradas, fuera del alcance,
inmodificables. En la construcción de los mitos como parte de un imaginario
social que organiza las significaciones imaginarias sociales, las cuales se
concretizan y se hacen presentes en el sujeto, que en este caso es en el ser
madre, ya que las SIS “contienen
creencias y anhelos colectivos; van ordenando el mundo; que estructuran,
organizan las relaciones humanas, marcan valores culturales, éticos, sociales
sobre la maternidad” (García, 2001:73).
Pero esta idea de ser madre evoca a la trama de
significaciones sociales imaginarias que se vehiculizan a partir de las
instituciones, pero no de las instituciones entendiéndose, como popularmente se
le conocen a los complejos que albergan oficinas, aulas; no nos quedemos sólo
en lo concreto pues para esclarecer arrojando luz sobre la cohesión interna de
un entretejido de sentidos, o de significaciones, que penetran toda la vida de
la sociedad, la dirigen y la orientan (Castoriadis,
2006:78) hay que estudiar a la institución como el conjunto de
herramientas, del lenguaje, de las maneas de hacer, de las normas y de los
valores etcétera (Castoriadis, 2006:77),
teniendo esto en consideración enmarcaremos
el lugar social que se les asignan a las madres, para ello es necesario conocer
cómo se construyó el lugar social de la Madre, después el cómo se ha ido modificando en función de la
producción y reproducción de un universo de significaciones imaginarias
constitutivas de lo femenino (Fernández, 1993:162), y a la par de lo
masculino.
Pero, si en el imaginario social una mujer alcanza un
lugar siendo madre, y se le ostenta un lugar fundamental en dentro de la
familia, siendo ésta una de las instituciones segundas planteadas por
Castoriadis que orquesta la reproducción y la socialización de la generación
siguiente, ¿por qué hay mujeres que rechazan el ser madre? La sociedad cambia,
aparentemente, pero hay lugares dentro de la cohesión social que son necesarios
para que la sociedad heterónoma siga reproduciéndose, no es que éste en vías de
desaparecer pero se empiezan a atisbar fragmentaciones dentro de sus
instituciones y de las significaciones imaginarias que portan estas
instituciones que ya han sido desbordadas e incluso carecen de sentido. Por
ello no es de extrañar que las mujeres tomen, después de grandes movimientos
feministas y reflexiones radicales, la decisión sobre su propio cuerpo y elijan
no ser madres. Como lo analiza Lilia Esther Vargas diciendo que en la actualidad
“es menor el control familiar, aún para las mujeres jóvenes, en una menor
exigencia de virginidad prematrimonial, una menor censura en las uniones
libres, y el acceso de diversos medio de anticoncepción que se pueden utilizar
sin necesidad de permiso de los hombres” (Vargas,
2001:150); esto es pues sólo es un esbozo de la gran gama de
posibilidades que pueden llevar a una mujer a no querer ser madre.
Institución de la familia
La familia es una de las instituciones segundas postuladas
por Castoriadis, en donde la institución es la que provee de sentido al sujeto
socializado. Existen las instituciones primeras y las secundarias; la primera
hace referencia a que la sociedad se crea sí misma, como sociedad. No existe un
elemento extrasocial o divino que la geste; otorgándose instituciones animadas
por las significaciones imaginarias sociales específicas para cada sociedad.
Ésta se articula e instrumenta, a través de las instituciones segundas, las
cuales Castoriadis divide en dos categorías: las transhistóricas donde destacan el lenguaje; el tipo de individuo
que es -construido- diferente en cada sociedad y la
familia (Castoriadis, 2002:124),
encargada de reproducir las significaciones sociales; acorde a su propio mundo
orquestará determinado magma de significaciones. La segunda categoría son
aquellas que son específicas, es
decir, en las que sus significaciones imaginarias sociales están sostenidas por
medio de estas instituciones específicas, creadas para un cierto tipo de
contexto y momento histórico. Sin embargo, las significaciones imaginarias
sociales, tiene una triple <<función>>, que va desde ser las que
estructuran las representaciones,
significaciones, sentidos e interpretación del mundo; designan los
fines de acción pues determina lo que debe de hacerse y lo que no debe
hacerse; y el régimen de los afectivo, donde se crea/instituye el cómo
debe sentirse el sujeto, la sociedad (Castoriadis,
2001:127). A través de esto instituciones mediadoras, como por ejemplo
el primer grupo que rodea al sujeto, la familia, se instituye en cada contexto
un tipo de sujeto.
Por medio de estas instituciones la sociedad funciona,
sin embargo, el dominio hegemónico del discurso heterónomo requiere de una
actitud pasiva y de hacer invisible lo procesos que se juegan en la sociedad
heterónoma, en la que destacan el rechazo al cambio, a lo diferente y a lo modificable.
Posteriormente Castoriadis argumentará la crisis de las significaciones
imaginarias que tienen cohesionada a la sociedad, encuentra sus raíces de esta
crisis en el conformismo generalizado y el encolado. Conformismo que solo es
posible a condición de que no exista centro de identidad importante y sólido.
Es decir que los referentes o polos por los cuales se anclaban las
identificaciones se desfondaron. Y en emergencia surge el encolado en donde
juntan una serie elementos diversos y <<producir>> algo (Castoriadis, 2001:133) que sustituya a las
instituciones vacías de sentido. Esto da pie a que el sistema hegemónico siga
reproduciéndose. Lo hace, infiere Castoriadis, por medio de beneficiarse de los
modelos de identificación producidos anteriormente.
Concatenando lo expuesto por Castoriadis en su
institución primera y segundas; destaca la creación de las significaciones
imaginarias sociales determinadas por el contexto y los requerimientos sociales
de cada sociedad, para dotar de sentido la vida de los sujetos y que en lo
posible no se cuestionen lo instituido. De sumo interés es el papel de la
familia, que se requiere para reproducir modelos, roles y significaciones. En
el caso del ser madre conlleva el rol y funciones que ejerce la madre en la
sociedad, pero sin olvidar que la familia en tanto construcción social, emite
normas, valores y afectos que debe hacer/sentir la mujer al ser madre. Inclusive
en estos escenarios Castoriadis hace referencia a los gérmenes de autonomía,
sujetos fabricados que buscan cambiar la institución de la sociedad. Yo, tengo
para mí, que las mujeres que no desean ser madres (teniendo en cuenta la enorme
diversidad de motivos por los cuales no quieren serlo) son en cierta medida
mujeres que apuntan a ser sujetos autónomos, es decir, “lúcidos en cuanto a su
deseo y su realidad, y responsable de sus actos, considerándose como agente de
lo que hace” (Castoriadis, 2002:122).
La madre en la
familia
La biopolítica
planteada por Michel Foucault determina las políticas que van a actuar sobre el
cuerpo, la salud, las formas de alimentarse y de alojarse, las condiciones de
vida, sobre todo el espacio cotidiano del siglo XVIII. Esto evocaba al lugar
construido para la mujer que, atravesó por muchos senderos, unas veces más
escabrosos que los actuales, pero que siguen cargados por lo dictado por lo
social. El cuerpo de la mujer no le pertenece a la mujer, le pertenece a los
designios sociales. Cabe destacar que se es varón o mujer dentro de una lógica
masculina. Además de un factor importante para la preponderancia de la familia:
el matrimonio y la vivienda social. Donzelot enfatiza la creación del
matrimonio para la perpetuación del patrimonio, la conservación de los hijos,
la educación, el control y vigilancia de los padres hacía los hijos y la
incursión de la mujer hacia una nueva revaloración social al dotarla de poder
como madre, auxiliar del médico y educadora. El hogar o para Donzelot la
vivienda social supuso una herramienta en la estrategia de familiarización; “apoyada
sobre la mujer y que contó con una serie de aliados: la instrucción primaria,
la enseñanza de la higiene domestica, la creación de guarderías para hijos de
obrero, la instauración del reposo dominical y el de la vivienda social que
apunta a una función de vigilancia mutua” (Donzelot,
1979:42, 44).
Por otra parte en un contexto histórico de las diferentes
posiciones sociales que ocupó y sigue ocupando, por ejemplo, las mujeres de la
casa feudal, sólo salían de ella para contraer matrimonio o profesar en los
conventos. Las alternativas a estos dos destinos sociales era el de la
servidumbre, industria de la crianza y la prostitución. Sin embargo, los cimientos
de la familia nuclear necesitaban de un elemento importante, el cual, en el
siglo XVIII no mostraba interés en los niños y en las mujeres, pero los nuevos
modelos de producción requerían que la antigua casa medieval (que era básicamente unidad de producción y consumo)
cambie hacia la acumulación de bienes transmisibles hereditariamente,
necesitaban quelas mujeres no murieran en el parto y que los hijos tuvieran un
cuidado y educación. La transición entre el Feudo y la Revolución industrial
trajo consigo el estrechamiento de las labores se desarrolló una <<moral
materna>> Mabel Burin hace hincapié en que suponía una “subjetividad
femenina domesticada, con características psíquicas de receptividad, capacidad
de contención; de nutrición y no sólo de los niños sino también de los hombres
que volvían a sus hogares después de sus labores extradomésticas“(Burin, 1998:75). A su vez afirma que la
consecuencia de este acotamiento de labores y disociación de las labores que en
siglos pasados realizaba “se fue construyendo un tipo de ideal social, el ideal
maternal, que las mujeres interiorizaron en su subjetividad y pasó a ser constitutivo
de su definición como sujetos” (Burin, 1998:76).
Las condiciones históricas sociales, económicas han
cambiado y por consiguiente, han ocasionado que las mujeres ocupen un lugar
fuera de la maternidad, entonces ¿por qué no replantear esto? (García, 2001:75). Una de las últimas preguntas
que deja Nora García en su texto de “El psicoanálisis y el deseo de no ser
madre”, pero tampoco habrá que expandir un poco las reflexiones ulteriores para
preguntarlo; Castoriadis se muestra crítico y exonera a que se busquen nuevas alternativas
para cuestionar lo instituido, sin embargo, considera que no existen los
recursos psíquicos para que sujetos autónomos, reflexionen para poder tornar
una institución y su universo de significaciones imaginarias. Además creo
necesario puntuar el hecho de que para transforma una institución necesitarías modificar
a las demás. Lilia Esther Vargas destaca algo sumamente importante, ”los
géneros se siguen estudiando de forma aislada uno del otro, y no como
construcciones relacionales recíprocamente sostenidas su vez forman
complementariedades” (Vargas, 2001:155). El
ser mujer no se puede transforma sin que se altere el ser hombre. Las instituciones
forman el urdimbre social y a pesar de que la institución del ser madre parezca
resquebrajarse, no se alterará hasta que se piensen nuevas maneras de concebir el
ser madre. Sin que esté atravesado por ser la única manera en que se pueda
definir como mujer así misma y el cómo se le construya. Un cambio radical de la
sociedad no es algo que sólo radique en la ciencia ficción, lo que se requiere
es que lo sujetos, tanto hombres como mujeres trabajen conjuntamente formando
sujetos que quieran su autonomía.
Bibliografía:
Burin, M.,
1998. Ambito familiar y construcción de género. En: Género y familia. Buenos
Aires: Paidós , pp. 78-84.
Castoriadis, C., 2001. La crisis del proceso de identificación. En: El
ascenso de la insignificancia. Barcelona: Frónesis, pp. 124-138.
Castoriadis, C., 2002. Institución primaria de la sociedad e instituciones
segundas. En: Figuras de lo pensable (Las encrucijadas del laberinto VI). Ciudad
de México: Fondo de cultura económica, pp. 115-126.
Castoriadis, C., 2006. Las significaciones imaginarias. En: Una
sociedad a la deriva. Buenos Aires: Katz, pp. 75-104.
Donzelot, J., 1979. La policía de las familias. España: Pre-Textos.
Fernández, A. M., 1994. Madres en más, mujeres en menos: los mitos sociales
de la maternidad. En: La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre
hombres y mujeres. Buenos Aires: Paidós.
García, N. C., 2001. El psicoanálisis y el deseo de no ser madre. En: Sexualidad:
símbolos, imágenes y discursos. Ciudad de México: Universidad Autónoma
Metropolitana. Unidad Xochimilco, pp. 57-78.
Vargas, L. E. I., 2001. Un tema olvidado por el feminismo. En: Sexualidad:
símbolos, imágenes y discursos. Ciudad de México: Universidad Autónoma
Metropolitana. Unidad Xochimilco, pp. 139-157.
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