martes, 24 de enero de 2017

El (falso) problema de la sexualidad infantil [Des-Apuntes]

Introducción


[…] algunas mentiras de niños bien criados tienen un significado particular y deben llamar a reflexión al educador en vez de enojarlo.
SIGMUND FREUD: Dos mentiras infantiles.

El presente ensayo tiene como principal tópica el esclarecimiento sexual de los niños. Será menester indicar que este no un resumen del célebre texto de Sigmund Freud, pues desde mí propio bagaje y entorno inmediato enunciaré elementos que sustenten el planteamiento de iniciar en la educación sexual a los niños desde temprana edad escolar. La crítica hacía las teorías de Freud, en ocasiones, ha llegado a reacciones de rechazo,  algunas veces, hasta hostiles. Hablar de sexualidad infantil, aun en el siglo XXI, sigue creando escozor, pena; tratándolo como si fuera un tabú por parte de varias instituciones educativas y religiosas. Sin embargo, para el psicoanálisis es vital y esclarecedor hablar del desarrollo psicosexual de los infantes para comprender de mejor manera  las teorías de Sigmund Freud.  En necesario aclarar que el interés de conocer cuestiones que atañen a lo sexual, por parte de los niños, es intensificado por la diferencia anatómica de lo sexos y no por el interés de saber de dónde vienen los niños.

Pero, ¿a cuál edad sería la idónea explicar la sexualidad a los niños?, ¿De quién es la responsabilidad explicarlo; padres o educadores?, ¿De dónde vienen los niños?, ¿Le decimos la verdad o le mentimos?, ¿Es correcto decirle tan pequeño; le haremos daño? Siempre son preguntas constantes que rondan las mentes de los pobres padres, incautos y algunas veces incapaces de explicarle temas tan espinosos y rocosos para padres primerizos o en sí para cualquier persona que conviva con niños.    
Recordemos, que cuando niños, la curiosidad es nuestro mayor rasgo; la ‘sed de saber’ será constante, siempre tenemos preguntas para cualquier cosa, nuestro desconocimiento nos hace proclives a prestarle atención a lo más nimios detalles. Por el contrario, los adultos, en ciertos momentos consideran absurdas preguntas que por simple criterio lógico ignoran o contestan fortuitamente con desdén, reduciendo su respuesta con sí o un no. Tan inocuo que pareciera hacer esto. En ocasiones resulta fácil mentir, pues al satisfacer únicamente respondiendo cualquier cosa al niño, el infante asimila la respuesta, en más raro de los casos se detendrá y no dirá nada más; en lo común continuará interrogando hasta que, inexorablemente, lo ignoren.  
El inquirir sobre sexualidad en varias ocasiones es tratado con palabras que no dejan explicito material asimilable por los niños. No por nada las frases que rondan sobre el ‘lugar de dónde vienen’ los bebés han sido tema popular para cuentos.
Freud fue sumamente criticado por sus teorías sobre sexualidad infantil, no sólo por decir que desde niños tienen fantasías incestuosas, aunado a ello por sugerir que desde niños la sexualidad está presente y que defendió con las célebres teorías de sexualidad infantil, la diferenciación anatómica de los sexos y la organización genital infantil entre otros. Lo lamentable, es la poca información que se contaba sobre la sexualidad femenina, el mismo Freud lamentó no contar con la suficiente información para profundizar en su estudio, a la par de la que encontró con referencia al desarrollo psicosexual del niño. 
Es común la creencia que la pulsión sexual está ausente en los niños y que solo accede a ella a instancias de la pubertad, sin embargo, es capaz de exteriorizar cuestiones amorosas (por ejemplo, los celos, el cariño) a edades tempranas. Hay que recordar que para ambos, la madre, es el primer objeto de amor. La ambivalencia que presentan hacía sus padres, la curiosidad sexual que se desarrolla en los niños; en el varón, cuando juega con la hermana o con algún miembro femenino de su familia notará la diferenciación y la ausencia del pene en los genitales femeninos, y es justo en ese momento donde cobra significado la amenaza de castración; en la niña, cuando responsabiliza a la madre por no haberla provista de un miembro de mayor tamaño y la ligazón-padre que desarrollará después, por el rechazo hacía a la madre.

La educación y la sexualidad


En México, la cuestión de la educación sexual ha ido mejorando notablemente por el acceso a internet y demás tecnologías que dan a conocer la manera en que se desarrolla (biológicamente) el desenvolvimiento del cuerpo de niños y niñas. Sin embargo, las instancias de la pubertad y madurez psicológica siguen estando en una fase diacrónica y carente de exhibición para conocer la manera en que se desarrolla lo psicosexual en la infancia. Una lectura errónea de las teorías Freudianas sugeriría que todo se reduce a sexo. Nada más obtuso y carente de análisis, sin embargo, es constante la cantidad de personas que rechazan la idea de los niños manifiesten deseos eróticos o que la etapa oral, anal y fálica o la estructuración del aparato psíquico no se verá afectado por satisfacciones o insatisfacciones en los primeros años de vida de los niños.   
Como antecedente histórico, es interesante destacar antiguos planes educativos donde se pretendía tener un proyecto a largo plazo sobre educación sexual, donde las principales prioridades, era el alza en los embarazos, enfermedades de transmisión sexual y de manera peculiar los hallazgos hechos por Sigmund Freud en su teoría de tres ensayos de teoría sexual, con la iniciativa de permear a la población mexicana sobre la educación sexual. Por otra parte, algunas instituciones privadas, liga católica de padres de familia y la iglesia se mostraban renuentes a impartir este tipo de información a los niños. La iglesia en México declaraba que los niños eran seres asexuados, cuya ‘esencia’ radicaba en la inocencia y pureza y que veían en la sexualidad un elemento corruptor:
[…] consideraban a la educación sexual como una medicina peligrosa que asesinaba su inocencia y exaltaba la imaginación; la familia debía tener la prerrogativa exclusiva para tocar cualquier tema de sexualidad, evitar contacto con las instituciones públicas y permanecer en estado de alerta ante la peligrosidad proveniente del exterior […]  (Colegio de México , 2000).
Sin embargo, existen dentro de la teoría freudiana puntos clave que nos ayudarán a redimir el conocimiento y la necesaria exposición de estos temas a los niños. Lamentablemente es inconcebible que aquellos que deberías verla por esclarecer estos temas a los niños por su proximidad a ellos, sea lo primeros en negar esta información.      
Si el niño no está ya demasiado amedrentado, tarde o temprano emprenderá el camino más próximo y demandará una respuesta a sus padres o a las personas encargadas de su crianza, que para él significan la fuente del saber. Pero ese camino fracasa. Recibe una respuesta evasiva, o una reprimenda por su apetito de saber, o lo despachan con alguna información de cuño mitológico que en los países de lengua alemana es: «La cigüeña trae a los hijos, y los saca del agua» (Freud, Sobre las teorías sexuales infantiles, 1992:190).
El niño, acomplejado por no poder satisfacer esa compulsión de saber comenzará a inquirir teorías creadas a partir de su observación inmediata, la cual, en la mayoría de las veces suele ser errónea.
La primera de estas teorías se anuda al descuido de las diferencias entre los sexos, que al comienzo de estas consideraciones destacamos como característico del niño (Freud, Sobre las teorías sexuales infantiles, 1992:192).  
Con el tiempo y tras de consagrar la examinación de la diferenciación de lo sexos, se aclarara un poco el panorama del niño, pues al ya no ignorar la presencia de la vagina y de posiblemente ver a una mujer con el vientre pronunciadamente abultado llegará a la concepción de la segunda teoría:
Si el hijo crece en el vientre de la madre y es sacado de ahí, ello ocurrirá por la única vía posible: la abertura del intestino. Es preciso que el hijo sea evacuado como un excremento, una deposición (Freud, Sobre las teorías sexuales infantiles, 1992:195).
Esta puede ser una de las teorías que más ostenten los niños que estén buscando saciar su necesidad de saber, al no tener un precedente que sirva como sustentó argüirá que los niños nacen al deponerlos. Esto puede perdurar por un largo tiempo, aunque Freud menciona una tercera teoría que se pueden plantear por una suerte de evento fortuito:
La tercera de las teorías sexuales típicas se ofrece a los niños cuando, por alguno de los azares hogareños, son testigos del comercio sexual entre sus padres, acerca del cual, en ese caso, pueden recibir sólo unas percepciones harto incompletas (Freud, Sobre las teorías sexuales infantiles, 1992:196).
Estas teorías solo aumentarán la ansiedad del niño pues al verse desprovisto de pruebas fidedignas comenzará a creer en cuestiones totalmente alejadas de la realidad. No por nada consideran que el comercio sexual de sus padres, gesta una concepción sádica del sexo. Por otra parte será el momento donde el niño perderá un poco de la confianza en sus padres y dará pasó a mentir de la misma manera en que lo hicieron sus padres.
Las respuestas usuales en la crianza de los niños menoscaban su honesta pulsión de investigar, y casi siempre tienen como efecto conmover por primera vez su confianza en sus progenitores; a partir de ese momento, en la mayoría de los casos empiezan a desconfiar de los adultos y a mantenerles secretos sus intereses más íntimos (Freud, El esclarecimiento sexual del niño, 1992:119).
Será pues que en estos momentos el niño acuda a una intuición educativa y al convivir con más niños se iniciaran las concepciones por parte de otros niños que  al igual que lo demás a comenzado a buscar indicios del cómo nacen los niños, sin embargo, y empero en el hecho de qué en varías instituciones no se toman con buena gracia los cuestionamientos sobre temas sexuales. La educación se asigna la tarea de sofocar la sensualidad y más aun la sed de saber de los niños.
Los educadores, en la medida en que prestan alguna atención a la sexualidad infantil, se conducen como si compartieran nuestras opiniones acerca de la formación de los poderes de defensa morales a expensas de la sexualidad, y como si supieran que la práctica sexual hace ineducable al niño; en efecto, persiguen como «vicios» todas las exteriorizaciones sexuales del niño, aunque sin lograr mucho contra ellas. Ahora bien, nosotros tenemos fundamento para interesarnos en estos fenómenos temidos por la educación, pues esperamos que ellos nos esclarezcan la conformación originaria de la pulsión sexual […] (Freud, Tres ensayos de teoría sexual, 1992:162).
Sin embargo, no es sólo la educación pues desde otros flancos menos insospechados se yerguen figuras aun más sinuosas que tratan de sofocar estos intentos por conocer por motivos 
Con referencia a esta historia de desarrollo de la pulsión sexual podrían diferenciarse, pues, tres estadios culturales: un primer estadio en que al quehacer de la pulsión sexual le son por completo ajenas las metas de la reproducción; un segundo estadio en que, de la pulsión sexual es sofocado todo salvo lo que sirve a la reproducción, y un tercero en que sólo se admite como meta sexual la reproducción legítima  (Freud, La moral sexual <<cultural>> y la nerviosidad moderna, 1992:169).
Y es quién más podría imponer una única y valida manera de hablar de sexualidad sino desde la permitida por la iglesia, la cual es sólo con motivos reproductivos y dejando de lado las pulsiones. La confusión con la cual el infante carga y la so pena de no recibir, ni si quiera de sus padres una respuesta lo hunde en las más hondas e inusuales respuestas.    
Cuando los niños no reciben los esclarecimientos en demanda de los cuales han acudido a los mayores, se siguen martirizando en secreto con el problema y arriban a soluciones en que lo correcto vislumbrado se mezcla de la manera más asombrosa con inexactitudes grotescas, o se cuchichean cosas en que, a raíz de la conciencia de culpa del joven investigador, se imprime a la vida sexual el sello de lo cruel y lo asqueroso (Freud, El esclarecimiento sexual del niño, 1992:120).
A pesar de eso, el niño se encuentra en un redondel sin salida, o por lo menos no con alguna que pueda satisfacerlo. Freud no pensaba que los padres fueran un canal correcto para que se transmitiera la información, delegaba la oportunidad de instruir el tema a la escuela. Pero no de un modo sojuzgado, dice Freud, pues debe ser tratado como se trata cualquier otra materia. Sin ninguna discriminación.  
Y para conseguir esto se requiere que lo sexual sea tratado desde el comienzo en un pie de igualdad con todas las otras cosas dignas de ser conocidas. Principalmente, es misión de la escuela el traerlo a cuento (Freud, El esclarecimiento sexual del niño, 1992:120).
Al final infiere Freud, que la educación puede ser amedrentadora con algunas maneras de impartir el conocimientos en los niños y que en muchos casos son los principales sofocadores de lo fortuito de la infancia. Pero, basado en sus estudios dictó una etapa en el desarrollo del niño donde podría ser ideal hablarles sobre la sexualidad.     
El esclarecimiento sobre las relaciones específicamente humanas de la vida sexual y la indicación de su significado social debería darse al finalizar la escuela elemental (y antes del ingreso en la escuela media); vale decir, no después de los diez años (Freud, El esclarecimiento sexual del niño, 1992:121).
Tal vez en un futuro no lejano, estaremos discutiendo la manera en decircelos, pues eso es un tema que no sea desarrollado. En México se intentó, pero por motivos ajenos a las personas que estructuraron el plan de enseñanza se vio frustrado y criticado desde un inicio. Freud pensó que en algún momento este proceso se implementaria y se llegaría a tener una mejor concepción desde niños de la sexualidad. E incluso, trató de anticiparse diciendo que en algún momento no será necesario que se explique sólo en la escuela y sólo por lo educadores. Y no sólo por motivos de que lo sepan, más bien creyó en eso para facilitar un poco el proceso de desarrollo psicosexual en los niños.
[…] esclarecido ya sobre todo lo corporal, los deberes éticos anudados al ejercicio de la pulsión. Un esclarecimiento así sobre la vida sexual, que progrese por etapas y en verdad no se interrumpa nunca, y del cual la escuela tome la iniciativa, paréceme el único que da razón del desarrollo del niño y por eso sortea con felicidad los peligros existentes (Freud, El esclarecimiento sexual del niño, 1992:121).
El camino por recorrer en cuanto al esclarecimiento continuo no es fácil, pues carece de organización, y varias veces de apoyo. No es un tema que sea ajeno pues en vario países se planea y está en marcha la continua enseñanza y concientización de temas referidos a enfermadas sexuales, que dicho sea de paso es otro problema de la salud pública y que afecta a más personas de las que debería. 
En el niño civilizado se tiene la impresión de que el establecimiento de esos diques es obra de la educación, y sin duda alguna ella contribuye en mucho. Pero en realidad este desarrollo es de condicionamiento orgánico, fijado hereditariamente, y llegado el caso puede producirse sin ninguna ayuda de la educación (Freud, Tres ensayos de teoría sexual, 1992:161).
Lo increíble es determinar de esta manera el camino que recorre el niño para dar cuenta de un proceso sumamente complejo donde no sólo convergen las creencias que el niño va fabricando poco a poco en su vida. A la par el entramado social también se decanta en crear obstáculos que no necesariamente se encargan de proteger o de resguardar la pureza de los niños. El esclarecimiento va más allá de sólo saber cómo nacen los niños, más bien los prepara para afrontar, a su debido tiempo, la compleja labor de ser padres. Lo ineludible es que debe fermentarse para la prevención.  

Notas finales

 La vida sexual es tema para debatir en una gran mayoría de aristas que, sería casi imposible llegar a acuerdos con la mayoría de los problemas, debates que traerían consigo una implementación a nivel mundial sobre el esclarecimiento sexual infantil. Ya que no simplemente sería en tener como base los 10 años postulados por Freud y la diferenciación de los sexos lo que hace proclive al niño en interesarse en la sexualidad, donde la diferencia entre el niño y la niña en cuanto a esta estadio del desarrollo sexual es una comprensible consecuencia de la diversidad anatómica de los genitales, la situación psíquica enlazada con ella; corresponde al distingo entre castración simbólica consumada o la mera amenaza de castración. Más allá de lo sugerido por Freud para iniciar al niño en la educación sexual y la diferenciación es necesario contar con planes educativos que incluyan de entrada el embarazo, higiene y las enfermedades venéreas, además de las teorías del desarrollo de la sexualidad psicoanalíticos. ¿Cuántas veces no escuchamos problemas relacionados con abortos e infecciones sexuales? ¡Ah! Pero la enseñanza sexual sigue dando de qué hablar. No por ser aquella que instruya e ilustre al niño, sino como la gran ausente en ayudar a ser más claro el desarrollo psicosexual de los infantes.
En un hecho que la pedagogía y la psicología van de la mano en varias asuntos de la enseñanza infantil. Creo que entre estas dos disciplinas podrías llegar a crear interesantes proyectos de educación sexual.          

 ***** Nota póstuma
Algo que se olvida con suma frecuencia, en el término 'niño', con el cual nos referimos a los infantes, es que los nombramos desde nuestra propia infancia, en el cómo la vivimos, como lo experimentamos... 'Niños', en su mayoría de las ocasiones, es un concepto que se ha rebasado desde hace muchos años, está desbordado y radica su conceptualización desde una postura adultocéntrica. Es decir se piensa y se construye a los niños desde fuera de ellos.  Es una categoría social que se les otorgó para nombrarlos, etiquetarlo y normarlos. 
Más allá de abogar por ellos, lo único que hacemos es escindir su opinión. Hacemos que los escuchamos, pero realmente sólo los enmarcamos en nuestras propias concepciones, limitamos su capacidad de nombrarse a sí mismos, los excluimos a buscar metas-destino que a lo único que apuntan es a lo hegemónico, a lo instituido, a lo sojuzgado.  

Bibliografía
Freud, S. (1992a). El esclarecimiento sexual del niño. En Obras completas. Volumen IX (págs. 111-123). Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (1992b). La moral sexual <<cultural>> y la nerviosidad moderna. En Obras completas. Volumen IX (págs. 159-183). Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (1992c). Sobre las teorías sexuales infantiles. En Obras completas. Volumen IX (págs. 183-203). Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (1992d). Tres ensayos de teoría sexual. En Obras completas. Volumen VII (págs. 109-223). Buenos Aires: Amorrortu.
  • Bibliografía externa


 Colegio de México . (2000). La polémica en torno a la educación sexual en la ciudad de México durante la década de los años 30. Estudios sociológicos , 52.

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