martes, 24 de enero de 2017

Duelo y Melancolía [Breve]

Freud en Duelo y Melancolía, determinó que detrás de cada deseo hay un duelo. Que la vida es un duelo continuo que no admite interrupciones. Como ya mencionamos, el deseo estará marcado y sustentado por la falta, que lo limita y que al mismo tiempo, y de recuperación que lo estimula hacia una nueva búsqueda.

La melancolía que solo se torna enfermiza se manifiesta cuando el deseo deja de aprovecharse de la tristeza (eco del deseo) para su propio progreso como si se quedara en una complacencia gozosa con el dolor, paralizando la vida y desentendiéndose de los demás (Colina, 2011:61). Freud continúa argumentando diciendo que se supera la perdida solo gracias a la identificación con el objeto perdido, sirve de despedida, de olvido e incorporación del muerto  así como de recuperación de las fuerzas para proseguir la vida. En dado caso que este duelo no se lleve a cabo, “la sombra del ausente cae sobre el propio yo y  lo deja herido y a la intemperie, sin posibilidad de borrarla con el olvido o la identificación” (Colina, 2011:62).
Según Colina, cuando esto sucede, se da la búsqueda de un nuevo sustituto que sea adecuado, justifica la aparición de un ánimo deprimido, y una pérdida que afecta al yo en su estructura, induciendo el sentimiento de indignidad y de desprecio con que se trata a sí mismo. En la melancolía, la pérdida, se hace tan presente que ya no se busca algo en forma de falta algo que empuje el deseo. Es por ello, afirma Colina, que el deseo ya no ‘arranca’, pues se “siente bloqueado, saturado y obstruido como si estuviera en posición hasta de lo perdido” (Colina, 2011:62).

El melancólico en un nivel psicótico, es aquel que “ante determinadas perdidas se desinfla, se desmorona; sin asumir la experiencia y deja una vía abierta por donde la libido sangra sin parar. Así queda condenado a perder las fuerzas y a volverse incapaz de reanudar la existencia como si se hubiera suicidado mentalmente por no poder matar al muerto con el olvido” (Colina, 2011:62).
Colina afirma que la percepción del objeto completo y total es algo limitado y relativo, la perdida de estos ideales absolutos genera un duelo que nunca superamos totalmente, pues sigue presente en una especie de duermevela y puede despertar en cualquier ocasión. Cabe resaltar que lo perdido no es sí “una Figura (la Madre), sino un ser; y tampoco un ser, sino una cualidad (un alma): no lo indispensable, sino lo irremplazable” (Barthes 1982, citado en Colina, 2011: 64). La zozobra de lo que ocurre de manera oculta, lo entiende Colina, como que todos “somos melancólicos y debemos asumir de continuo la decepción, la finitud y el desengaño”. La melancolía, es pues, “unidad profunda de todo malestar mental” aunado a esto determina que “la melancolía sería una psicosis más entre las otras, y a la vez, el acompañante imprescindible de todas” (Colina, 2011: 53,55).     


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